Jueves 12 de junio. Gratin Dauphiné Libéré.

Hoy arranca el Critérium du Dauphiné, la segunda mayor vuelta por etapas (aunque sea por número de etapas, ocho) del calendario francés. Normalmente era una carrera con mucha montaña y mucha contrarreloj, lo que, en fechas próximas al Tour de Francia, decía bastante de los posibles aspirantes a ganar la Grande Boucle. Este año, sigue teniendo mucha montaña, pero apenas hay cronometradas (sólo el prólogo), y está claro que ganará un escalador. Se da la circunstancia de que los tres primeros favoritos para el Tour (Froome, Contador y Níbali, que se han pasado los tres buena parte de mayo compartiendo hotel en el Parador del Teide), disputan este Dauphiné, y aunque sólo sea por ellos, por ver si juegan a intimidarse o a esconder las cartas (yo creo que harán lo primero, los tres son bastante fogosos), esta carrera ya merece la pena.

El perfil de la etapa del jueves, la que me parece a priori que puede resultar la más divertida.

La carrera se llamó, durante un montón de años, como el periódico que la organizaba: le Dauphiné Libéré. Y, en honor de este nombre, y de la era en la que los medios de comunicación organizaban carreras para vender más periódicos, la receta de hoy recibe ese viejo nombre. En aquella época, el radio de acción de la carrera correspondía al de la distribución del periódico. Hoy en dia, como la carrera lleva el nombre de la región (el Delfinado), da la impresión de que su ámbito geográfico queda demasiado amplificado respecto a las fronteras del Delfinado histórico. Si bien nos hemos acostumbrado a que esta vuelta se haya de facto anexionado la Savoya (todos los años hay etapas decisivas en ella) y el Lionés, y que haga regulares excursiones en las vecinas Provenza, Borgoña, y Languedoc; este año la expansión llega, por un lado, hasta la remota Auvernia (con final de etapa en el inédito Col du Béal), y por otro hasta Suiza (en una etapa reina con meta en la presa de Emosson).

La proeza histórica de la prueba corresponde (para variar) a un entonces poco conocido Bernard Hinault, quien, después de despeñarse por un barranco mientras bajaba escapado el Col de Porte, volvió enfurecido a subirse a la bici y ganó la etapa (no sin antes haber puesto pie a tierra, gotado en la última subida a la Bastilla de Grenoble).

La proeza histórica de la prueba corresponde (para variar) a un entonces poco conocido Bernard Hinault, quien, en 1977, después de despeñarse por un barranco mientras bajaba escapado el Col de Porte, volvió enfurecido a subirse a la bici, y ganó la etapa (no sin antes haber puesto pie a tierra, gotado en la última subida a la Bastilla de Grenoble), y la carrera.

Para comer, hay muchas opciones, que pueden partir desde cualquiera de los múltiples quesos que se producen en las zonas que recorrerá el pelotón, hasta preparaciones de gras-double, o sea callos, que son muy populares por estos lares. Pero en esta ocasión se hacía difícil no hacer el Gratin Dauphinois, que es el plato más conocido de la región, y además porta su nombre. Y que además es muy facilito. Y que además está de morirse.

Ingredientes:

Tres cuartos de kilo de patata (importa que sea sabrosa, y algo harinosa pero no mucho; nosotros hemos usado la variedad Mona Lisa). Medio litro de leche. 3 dientes de ajo. 50 gramos de mantequilla. Un vasito de nata fresca, espesita a ser posible. Sal, pimienta, y bastante nuez moscada. Nota: no lleva queso (será un plato alpino, pero no lleva queso; lleva otros tres lácteos diferentes, pero queso no). Tampoco lleva huevo (echarle huevo a esto es como echarle nata a una carbonara: una soberana guarrada).

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Echando la patata en la leche hirviendo.

Procedimiento:

Pelar las patatas, lavarlas, y cortarlas en rodajas más bien finas (un poquito más finas que para una tortilla). No mojarlas después de cortadas (para que el plato ligue mejor). Poner a hervir la leche con las especias y el ajo cortado fino dentro. Cuando rompa a hervir, añadir la patata, y dejarla hacerse durante diez minutillos (cuidado con que no se agarre a la cazuela).

Colocar entonces en molde o cacharro para horno untado de mantequilla. Echar la nata por encima, y poner pequeños trocitos de mantequilla en las esquinas. Al horno suave (unos 140º grados), unos cincuenta minutos (más o menos, dependiendo de la patata).

Agregando la nata antes de irnos para el horno.

Agregando la nata antes de irnos para el horno.

Servir:

Como primer plato, o como guarnición de algo con poca historia (algo de fiambre, o un pollo sencillo, por ejemplo: en este caso la guarnición debe ocupar el lugar protagónico). Y sin mucha prosopopeya, es comida más para sensuales glotones que para gourmets sibaritas. En cuanto a vinos, tres cuartos de lo mismo, la mayoría (tintos, blancos, y rosados) irán bien, menos los de muy alta gama. Para quedarnos cerca de la zona, un borgoña tinto (de los más ligeros), incluso un beaujolais. De entre los españoles, un mencía, o un Rioja joven. O incluso un Valdepeñas.

A la salud de Wilco Kelderman, que después de un muy buen Giro, y a sus 23 años recién cumplidos, no se va de vacaciones, y puede hacer un Dauphiné excelente si mantiene la forma.

Resultado final 2

Resultado final: gratin dauphinois.

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